Explicado con calma
Frenadas de ciudad, desgaste de ciudad
Un coche que se mueve entre San José de Valderas, el centro y los centros comerciales frena cientos de veces al día a poca velocidad. Ese uso gasta pastilla deprisa, sobre todo delante. El que entra cada mañana en Madrid por la A-5 suma además frenadas desde velocidad en la retención, que calientan los discos.
Antes de cambiar, medir
No cambiamos por kilómetros. Medimos el grosor de cada pastilla, el del disco y comprobamos si está alabeado. Con eso hay tres respuestas posibles:
- Todo dentro de medida: no se toca y te decimos cuánto margen queda.
- Pastillas al límite, discos bien: solo pastillas.
- Discos bajo mínimo o con vibración: pastillas y discos del mismo eje.
Lo que no se ve
Una pastilla que se gasta en cuña o más por dentro que por fuera delata una pinza con las guías secas. Si se monta una pastilla nueva sin arreglar eso, durará la mitad. Limpiamos y engrasamos las guías en cada cambio y revisamos que el pistón vuelva.
Los latiguillos de goma también envejecen. Con los veranos de 40 grados y los años, se agrietan por fuera. Si están mal, se cambian antes de que revienten.
Freno de mano eléctrico
Muchos coches recientes lo llevan. Las pinzas traseras se abren con el equipo de diagnosis antes de desmontar; forzarlas rompe el motor eléctrico. Lo tenemos en cuenta en el plazo.
Al terminar, si el pedal se nota largo, mide también el líquido: lo explicamos en la ficha de revisión y mantenimiento. Y si vas a pasar la inspección, combina el trabajo con la pre-ITV.